
LA VIDA ES EL TEMA
La luz blanca, o espectro visible, es un conjunto de radiaciones electromagnéticas que se propagan de forma ondulatoria. Cada una de estas ondas tiene una longitud distinta. El abanico de ondas electromagnéticas que forman la luz visible corresponde a la gama de colores que capta el ojo humano, cuya suma da como resultado la luz blanca. Estas ondas electromagnéticas se desplazan en línea recta y modifican su trayectoria al atravesar objetos transparentes, traslúcidos o al chocar con un objeto sólido. Esta propiedad física de las ondas lumínicas es la que determina la forma que vemos el mundo que nos rodea.

La cámara fotográfica es tan sencilla en su esencia (una caja totalmente estanca a la luz a excepción de un agujero en una de sus caras y de una superficie en su cara opuesta capaz de retener la imagen que se cuela por ese pequeño orificio) como compleja en cuanto al número de mecanismos que se han ido añadiendo con el tiempo con la finalidad de controlar todos y cada uno de los mil factores que influyen en el resultado final del acto de fotografiar. Resultado final que unas veces es buscado -y encontrado: las menos; a pesar de todos esos avances- y otras, simplemente, se aparece como por arte de magia (ó de potencia tecnológica).

Cuando la cámara de fotos no era mas que eso (una cámara, estanca, con un corcho que tapaba su ojo) no había fotógrafos profesionales, era una actividad gratuita, artística (aunque no siempre, a Dios gracias, con pretensiones de serlo). Él que sabía manejarla se convirtió, por razones obvias de la condición humana, con el paso del tiempo, en un técnico, en un especialista y en un comerciante de su conocimiento en el que se mezclaba la condición de tal con el interés artístico. Pero con el paso del tiempo la tecnología también creó un usuario (pues no merece otra palabra, sin que ésta tenga un sentido peyorativo) capaz de alcanzar resultados finales mucho mas que aceptables sin tener el mas mínimo conocimiento sobre ópticas, profundidades de campo, compensaciones de exposición, pixeles y megapíxeles (esto último en la actualidad....ójala el conocimiento humano se hubiese detenido el día que se patentó en el registro correspondiente el invento del lavavajillas!). La fotografía está hoy en día al alcance de cualquiera con muy buenos resultados y por ello se utiliza para conmemorar los logros personales, para inmortalizar las reuniones sociales o familiares o para presumir en la oficina de que después de ver la muralla china hay por delante 11 meses de rutina embrutecedora.
La fotografía permite la posesión imaginaria de un pasado irreal: desde el momento en que la familia deja de sonreír estúpidamente tras oír el clic, ya es pasado, y es solo un reflejo idealizado. Pero un reflejo que sigue existiendo aun después de terminado el hecho fotografiado, al que convierte en inmortal y que evocará sentimientos, sensaciones, sabores, olores, añoranzas, esperanzas, fantasías....Esta es una funcionalidad de la fotografía de consumo que merece, al menos, un cierto respeto.

En la fotografía profesional existe más conocimiento, más precisión, más reflexión, más arte. Y también más irrealidad. Y en algunos casos tanta irrealidad que se confunde con la realidad mas objetiva que pueda imaginarse y fabrica mitos, idealiza personas y situaciones, crea dioses. O demonios, según interese. Y, generalmente, cuanto mas sepa el fotógrafo cómo una foto puede ser su propio reflejo o lo que, en el peor de los casos, le interese en ese momento, mejor fotógrafo será.
El fotógrafo con la creencia de tener ese conocimiento dignifica lo feo y lo grotesco por el mero hecho de ser él quién ha sabido captar en medio de lo horrible un punto de belleza, pero tan brillante que oculta lo feo; genera tristeza al mostrar lo bello, pues esa belleza ya pertenece al pasado, a un pasado que se podrá, de forma social o personal, añorar y echar de menos, que se advierte como pasajero....y todo eso, la mortalidad de los momentos (las familias se disgregan, los amigos toman caminos opuestos) o de las personas (que envejecen mientras su momento inmortal en papel les recuerda qué bueno fue el pasado), lo sabe el fotógrafo. Incitará a la ensoñación y a las fantasías. Generará deseos. Pero también denunciará e intentará mejorar las cosas. También informará y documentará un momento histórico. Y volvemos: también desinformará y de tanto mostrar el horror adormecerá las conciencias. Pues siempre se trata de mostrar lo novedoso y de una manera nueva, sin importar que el medio para ello sea mostrar lo que no se debería. Quizá esta sea la causa, o la consecuencia, de una forma de ser que empuja hacia los extremos, que empuja a fotografiar lo mas bello y lo mas elevado, pero también lo mas degradado, desgraciado, rastrero y feo (pero que gracias a él y a su personal visión es capaz de descubrir lo bello en lo feo y en lo insignificante).
Porque la vida no consiste en una milésima (1/1000) de segundo congelada y atrapada en unos márgenes tras los cuales no hay nada. La fotografía, sí.

En los primeros tiempos de la fotografía el fotógrafo buscaba agradar, idealizar (quién mejor que él para hacerlo, desde luego). Luego vinieron las influencias (realismo, surrealismo, impresionismo, pictorialismo) y los avances técnicos (películas finas, soportes digitales). Esto, unido a todo lo anterior además de las locuras que hoy en día sufrimos, multiplica por el número de fotógrafos que existen (de los que saben que saben, claro) las intenciones, finalidades, objetivos, bondades, maldades de la fotografía . Vale todo, hasta lo realmente mediocre que tras una fina pátina de arte, hace pasar como algo valioso lo que solo es basura. No siempre se puede encontrar un tema novedoso ni contarlo con un "nuevo lenguaje". Casi todo está hecho o inventado.
Aun así y a pesar de lo que evidentemente tiene de irreal o incluso de engaño la fotografía, el fotografiado también ha sucumbido: todos queremos salir guapos, con nuestro lado bueno, sin que se nos vea la tripa, ni las arrugas, ni que hoy voy despeinada....hemos aceptado el juicio de la cámara como el verdadero o, al menos, contra el que no podemos hacer nada. El cazado es así fotografiado por alguien que en principio no pasa por ser mas que un mero observador (en realidad lo es, pero un observador no pasivo), pero que en el fondo está alentado a la víctima a serlo.
¿Qué queda, entonces? Queda ser honrado. No se trata de saltar más alto o correr más rápido. Solo se trata de calidad de expresión. De expresión con un medio que cualquiera puede manejar y que cualquiera entiende. Al menos en automático.
Además, "en la vida, como en el rockandroll, cada uno hace lo que puede".

"El saber quienes somos en realidad produce el bienestar, el bienestar produce el tipo mas adecuado de bien hacer. Pero el bien hacer no produce el bienestar por si mismo. Podemos ser virtuosos sin saber quienes somos en realidad. Los seres que son simplemente buenos no son buenos seres; son nada mas que columnas de la sociedad."
"...el bienestar es el conocimiento de quien es uno en relación con todas las experiencias; tened conciencia, entonces, tened conciencia en todo contexto, en todo momento, de todas las cosas, horrorosas o deshonrosas, agradables o desagradables, que podáis estar haciendo o sufriendo"
DIC. 08. JDG.